“Señorita, me llevo este vestido de pasarela, estos zapatos que me enamoraron desde que los vi en el aparador y estas gafas de sol Gucci. Sí, aquí está mi tarjeta. Gracias señorita”. Dependiendo del alcance de la billetera, este puede ser el resumen de un día de compras de una mujer de unos treinta años, con un puesto de dirigente medio o alto en alguna empresa en cualquier ciudad del mundo. Las marcas elegidas darán testimonio de su estatus social. Al menos es lo que ella cree y lo que muchos de quienes la ven creerán también, pues la publicidad es implacable. En cada estrato social ocurrirán casos parecidos: “a cada chango su banana”; los grandes, medianos y pequeños vendedores lo saben.

Un fenómeno similar puede ocurrir en las redes sociales. Una sociedad sumergida en una dinámica de consumo vertiginoso, puede estar moldeando nuestra psique a niveles menos identificables. Internet cumple varias funciones, pero una de las principales es ser un escaparate global de mercancías. Esto lo sabemos. Leemos una nota y vemos al lado anuncios de viajes paradisiacos, métodos antiarrugas infalibles e infinidad de opciones para hacer nuestra vida mejor o más placentera. Incluso existen páginas web o artículos que hablan sobre desastres ecológicos y a la vez anuncian las facilidades de pago para un automóvil nuevo.

Las redes sociales como escaparates

Sabemos que nuestros “likes” o páginas a las que accedemos, por ejemplo en una red como Facebook, son recopilados para que las empresas conozcan nuestras posibles aficiones de consumo. Podríamos considerar que este es uno de varios niveles, el más visible. Pero qué tal si observamos la información que compartimos como parte de un gran centro comercial, en donde nuestro “yo cibernauta” adquiere un outfit virtual para afianzar la imagen del “yo real” ante los demás.

Las redes sociales tienen una dinámica centrada en la exposición del “yo”. No ahondaremos en teorías psicológicas, basta con decir que son campo fecundo para un egocentrismo que la cultura capitalista e individualista exacerba porque lo necesita para reproducirse. Hemos creado un individualismo sofisticado, donde nuestra idea de nosotros mismos se relaciona directamente con lo que buscamos construir a través del espacio virtual. Las redes sociales son una exhibición selectiva de nuestra existencia.

Muchas personas comparten sus fotografías de viajes, acontecimientos, hijos, parejas sentimentales, eventos sociales, en fin, aquello que hacen o tienen para mostrar una vida plena y feliz, independientemente de que lo sea o no. Se supone que todo lo anterior compone al “yo” que tiene su cuenta en Facebook, Instagram, Twitter u otros. Esta es la “carnalidad” de Vicente Núñez o Mariana Téllez, pero, ¿con qué vestimos esa carnalidad? Para eso está la información que compartimos, nuestros pensamientos, sensaciones, nuestros estados de ánimo o revelaciones del más allá.  Aquí me quiero concentrar en la información sociocultural.

Chaqueta medioambientalista, pantalón de izquierda

En materia de información sociocultural, nuestras relaciones sociales previas a la masificación de internet, hacían que compartiéramos nuestras ideas religiosas o políticas –si es que teníamos y las queríamos externar–, nuestras inclinaciones filosóficas –si es que las identificábamos–, nuestras últimas lecturas literarias, antropológicas, históricas o de cualquier tipo –si es que las hacíamos–; en las reuniones entre amigos o colegas. Se sociabilizaba la información dentro de una dinámica que todos conocemos: la oralidad. Y sabemos que allí las páginas de un artículo o libro se resumen en frases, se intercalan con bromas o anécdotas que desvanecen su carga intelectual. Hoy lo seguimos haciendo, ¿pero qué sucede al compartir un artículo sociocultural en las redes sociales? ¿Qué dinámica surge de un espacio donde la oralidad es casi inexistente, y está centrado en la palabra escrita –o en la imagen por medio de emoticones– y en la distancia corporal?

Las redes sociales crean un narcisismo con características singulares, y sobre todo, novedosas. Juegan con nuestra mente de manera sutil. Por eso considero que los links que se comparten sobre artículos de tal o cual corriente de pensamiento, de escritores o intelectuales, de gustos cinematográficos e incluso deportivos, pueden observarse como una forma de consumo que viste al individuo conforme a las tendencias de la temporada primavera-verano u otoño-invierno, esto según sus “marcas intelectuales” de preferencia, acorde con la personalidad que se quiere proyectar o se cree tener.

Así, se puede compartir –para que con los likes subsistas– y adquirir un outfit compuesto de prendas estilo comida saludable en boga, ser vegano sin sufrir, proteger el medioambiente desde la comodidad de tu asiento imitación piel, el ciclismo como alternativa para aligerar el aire. Si se trata de hacer algo por los más necesitados, los acusados injustamente o a punto de la extinción –ya sean humanos o animales–, una firma tuya bastará para salvarlos. Si por el contrario los muertos apremian, allí están desde las banderas del país hasta análisis geopolíticos profundos para aportar verdadera luz a tus contactos, ya sean conocidos o desconocidos.

También podemos fungir de reporteros compartiendo las noticias más “nuevas”, apremiantes conflictos sociales o inverosímiles acontecimientos de los que nos hemos enterado, pues siempre hay que recordar que el acceso a la información nos hará libres. Difundir los avances en materia de educación, agricultura o proyectos culturales de los países más desarrollados para ilustrar y aplicar tales técnicas en los países en desarrollo. Que se note nuestro interés por el futuro de nuestro entorno inmediato. Por supuesto, no olvidar el orgullo que debe proveernos nuestro pasado cultural, sus tradiciones y demás saberes.

Si es fin de semana entonces es necesario despejar la cabeza de tanto que pasa en el mundo, entonces harás una buena recomendación para ir al cine o compartirás la crítica de tu crítico favorito sobre cine de arte o cine comercial –no hay problema, te dices, lo que todos ven también puede ser bueno–. Tal vez simplemente hay que inspirarse en un antropólogo, sociólogo o filósofo para aclarar ideas y, por ejemplo, hacer presente tu última adquisición de un impermeable marca Zygmunt Bauman, quien nos habla de cómo las redes sociales son una burbuja, donde nos hacen creer que sociabilizamos cuando en realidad estamos inmersos en un aislamiento sistematizado. Y qué tal optar por unas clásicas gafas Michael Foucault que ayudan a identificar las relaciones de poder que abundan por doquier. Ya está, hora de un reloj Jorge Luis Borges con sus disertaciones sobre la eternidad, aunque tal vez ya es tiempo de arriesgarnos por un nuevo talento o un escritor muy poco conocido. Ah y que no falte una nota musical a tu outfit que le dé el toque chic de melómano consumado.

Conclusiones

Con las redes sociales, la nutrición intelectual pasa a ser parte de un escaparate colectivo. Por supuesto que seguimos leyendo y digiriendo conocimiento de manera individual, así como seguimos reuniéndonos con nuestros amigos y conversando sobre infinidad de cosas, pero es innegable que las redes sociales están influyendo en cómo estamos haciendo uso de la información, cómo accedemos a ella y sobre nuestra postura ante los contenidos. No se trata de señalar si esta influencia es de tipo “positivo” o “negativo”, sino de identificar la manera en que lo está haciendo, para comprender un poco mejor la ruta que estamos siguiendo o nos están haciendo seguir como cultura.

Tampoco se trata de blindarse ante lo que es parte de los nuevos modos de comunicación del siglo XXI, de estigmatizarlos o rechazarlos, pues esto además de inútil, sólo hablaría de otra postura más del sí mismo frente al otro. Por supuesto que el acceso a la información que internet ha posibilitado es extraordinario, que la interacción global enriquece, que hay muchas personas que realmente profundizan en los contenidos y que estos pueden generar acciones benéficas en un individuo o comunidad. No obstante, qué tanto de lo que existe en las redes sociales es un espejismo, qué tantos likes representan verdaderamente una lectura completa de un texto, qué información se comparte sin ánimo de exacerbar el ego, seguir modas o apagar culpabilidades.

 

 

Fuentes de imágenes:

Imagen 1: http://www.estrategiaynegocios.net/inicio/1049669-330/peligra-tu-carrera-por-la-adicci%C3%B3n-a-las-redes-sociales

Imagen 2: Marketiniana-El-Outfit-Perfecto-en-redes-sociales

Imagen 3: Nerdgasmo.

 

Este texto fue publicado originalmente en:

https://ssociologos.com/2016/09/18/las-redes-sociales-los-outfit-ego/