Clara, así se llama la protagonista de Los eufemismos, novela de la joven escritora Ana Negri, editada por Antílope en un bello libro a juego con la enredada historia que la autora nos plantea en su primera novela.

Clara nos dice que odia ser un adjetivo, y que además sea un adjetivo tan opuesto a ella, a quienes las palabras se le escapan para expresar con precisión lo que piensa. A quien la vida la hacer ser una mujer escapista, hija de una madre perseguida que llega exiliada a México debido a la dictadura argentina.

Una figura materna desmoronada, fragmentada, a la que han “roto los milicos”, que pese a los años no logra recuperarse, tampoco callarse. Y eso saca de quicio a Ana, que desearía tener una vida menos cargada de pasado a través de sus padres. Ambos exiliados, y que en el tiempo en que Ana cuenta su parte de la historia, también ya divorciados.

Pero, sobre todo, una madre que no opacara y asfixiara su existencia con ese pasado y esa salud mental endeble, como el tiempo que se va marcando en las costillas de su madre, antes mujer de caderas deslizantes y firmes.

La precariedad existencial va unida a una económica que pasa factura a los tres integrantes de la familia. Su padre, esa figura que aparece solo para lanzar quejas y palabras altisonantes, mezcla de argot mexicano y argentino, siempre estará respingando porque la guita, la lana, no alcanza, ni siquiera a él, menos para andarla repartiendo entre su exesposa y su hija.

Ana Negri. Foto obtenida de RTVE

Por su parte, a su mandre el dinero se lo roban, no es que ella lo pierde, se lo roba esa viaj de mierda que es su vecina y la vigial, haciendo que lleguen los comandos por la noche y la amedrenten. La misma CIA interviene su teléfono.  Clara no lo entiende, no puede entender porque no vivió lo que a ella le tocó vivir cuando “ellos” cambiaron todo el discurso, y los anularon, porque de eso se trataba, de aniquilar no solo las vidas sino las ideas y las acciones.

Y está Clara, estudiante de posgrado a quien ni el dinero ni la vida le da para hacerse de una fortaleza existencial que la haga tomar decisiones, y no solo crear esa simulación que la hace que decide algo, cuando decide una apenas nada. Ni de sus relaciones amorosas, ni de su relación con sus padres, menos aún con la de su madre. Elegir un presente y futuro que estuviera menos determinado por un pasado que incluso está más allá de su nacimiento.

Los eufemismos es una novela de trama aparentemente sencilla, de ágil lectura, que se respira joven, incipiente, ideal para lecturas iniciales. Sin embargo, si atendemos bien, si aguardamos hasta el final, nos entrega una obra que plantea las secuelas que en lo cotidiano tienen relaciones marcadas por el exilio, por tentáculos que extienden su poder más allá del tiempo y la distancia, más allá de aquellos a los que les tocó vivir la tortura o la mera persecución política. Además de ello, platea una vez más, lo complicado que es crear vasos comunicantes entre madre e hija, algo más común de lo que permite creer la romántica e idealizada de la maternidad.

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