Hoy, a los 79 años, ha muerto Amos Oz, el más renom­brado escri­tor israelí, eterno candidato al Nobel. Ferviente amante de Israel, por ello también se convirtió en una de sus voces más críticas.

Nació en 1939 en Jerusalén cuando la ciudad aún estaba bajo el mandato británico de Palestina. Ha fallecido a consecuencia de un cáncer, según ha anunciado su hija, Fania Oz-Salzberger.

A los 15 años ingresó en un kibutz. El relato de esta parte de su vida, clave en los primeros años del Estado de Israel, fue el eje central de su obra de juventud.

Fue protagonista en las dos grandes contiendas de su país –la Guerra de los Seis Días (1967) y la de Yom Kipur (1973)– en las que fue movilizado al frente. Allí afianzó sus convicciones en favor de la solución de un Estado de Israel junto a un Estado palestino para el conflicto que atenaza a su país. Sus ideas le llevaron a fundar en 1978 la organización Paz Ahora y a publicar cientos de ensayos y artículos. Su voz se alzó también contra las guerras en Líbano y Gaza. (Sanz, 2018).

La película sobre su niñez y juventud 

A Tale of Love and Darkness (2015) es un film escrito y diri­gido por Nata­lie Portman, que narra justamente parte de la vida de Amos Oz.

Port­man debuta como guio­nista y rea­li­za­dora en un film basado en una novela auto­bio­grá­fica de Oz. Nata­lie realiza un fino trabajo como guionista, directora y actriz de la película, recapitulando, por un lado, los años de ado­les­cen­cia y juven­tud de Amos, así como la impor­tante rela­ción man­te­nida con su madre.

El largometraje comienza en 1945 y mues­tra a Amos (Amir Tess­ler) a los 10 años de edad, reci­biendo la influen­cia de Fania (Port­man), su idea­lista madre y dueña de un libre espí­ritu, así como de Arieh (Gilad Kahana), su inte­lec­tual padre biblio­te­ca­rio y escritor.

La película es una entrega bien cuidada, de largo aliento, cargada de nostalgia.

La pri­mera parte está enfo­cada en ilus­trar momen­tos cla­ves de la his­to­ria israelí, desde el ins­tante en que se pro­duce la par­ti­ción y nace el estado de Israel donde cunde la ale­gría de la fami­lia aguar­dando que la situa­ción rever­tirá la pobreza, temor e inse­gu­ri­dad que habían aco­sado al pue­blo judío. Sin embargo, esa dicha sería de corto alcance cuando pron­ta­mente comien­zan a emer­ger los con­flic­tos polí­ti­cos que sepa­ra­rían a s ára­bes de israelíes.

A par­tir de allí, el relato cam­bia de foco al cen­trarse en la fra­gi­li­dad emo­cio­nal que envuelve a Fania; así, el resto del relato des­cribe la cre­ciente infe­li­ci­dad de la mujer que prác­ti­ca­mente parece estar ale­jada del mundo que la rodea a pesar del cariño y cui­dado de su marido e hijo, con el resul­tado de caer en un pro­fundo estado depresivo. (Gutman, 2016).

Portman respeta no sólo la esencia de la obra de Oz, sino que logra traducirla al plano cinematográfico con acierto y sobriedad. Recordar a Amos Oz a través de la mirada de un lector, en este caso de una lectora como Portman, es una buena manera de homenajearlo. La cinta se encuentra disponible en Netflix.

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