Imagen obtenida de El Correo de Oaxaca

En el presente texto, abordarenos el poder político del pueblo mexica a través de su idioma, el náhuatl, que aunque, recalcamos, no era el idioma exclusivo del pueblo mexica, su historia nos ejemplifica más sobre el proceso de su ascensión en el poder. Asimismo, en próximas entregas, nos permitirá observar cómo este fenómeno está emparentado con los procesos de conquista y hegemonía de un grupo sobre otros(s), tal fue el caso del latín y el castellano.

Como todo idioma,[1] el náhuatl tiene una larga y singular historia. Leopoldo Valiñas apunta que en la mayoría de las investigaciones que hablan sobre la historia de las lenguas en México existen dos constantes, la primera es la correlación de información arqueológica con los aportes de la lingüística histórica y la segunda es la tendencia a identificar las culturas arqueológicas con las culturas étnicas y con las lenguas.[2] De allí que se puedan enumerar de manera general varias familias lingüísticas: el proto-totonaco, del que

“actualmente se acepta la existencia, por nombre, de sólo dos lenguas totonacas (totonaco y tepehua), cada una con tres dialectos”;[3] la familia mixezoque, hoy en día, “por nombre, se reconocen cuatro idiomas: mixe, zoque, popoluca y tapachulteco”;[4] la familia maya, “su clasificación está lejos de ser unívoca, en especial en lo tocante a sus subagrupaciones y a la posición de la familia huastecana”;[5] la familia tequistlateca; la otomangue, la familia yutoazteca, donde los sureños hablaban proto-nahuatlato, que se conformó a su vez como familia independiente y dentro de la cual “casi todos los investigadores consideran que sólo hay dos o tres lenguas nahuas (náhuatl, pochotuco y pipil)”.[6] 

Las lenguas de la familia yutoazteca se hablan o hablaban desde los Estados de Oregon, Idaho y Wyonimg hasta territorios en Centroamérica, con una distribución irregular y en contacto con diversas manifestaciones culturales. Entre el 8000 a. C. y el 3000 a. C., los hablantes de yutoazteca se trasladaron hacia el occidente de las Rocallosas, y en el transcurso, las lenguas sufrieron transformaciones. Alrededor del 7000 a. C. ocurre un calentamiento climático que generó que la Gran Cuenca, región de lagos, se convirtiera en una zona árida, lo que produjo que los hablantes de proto-yutoazteca migraran y se dividieran en dos grupos. Los sureños eran quienes hablaban proto-nahuatlato.[7]

Valiñas señala que, según Swadesh, “los dialectos nahuas comenzaron a diferenciarse después del siglo X a. C., antes de migrar hacia el sur, mientras que para Manrique, la presencia de los hablantes de proto-nahuatlato en el centro de México se dio desde el Clásico”.[8] Posteriormente, en torno al siglo XII los grupos occidentales realizaron otro conjunto de migraciones, algunos llegaron al centro de México, otros al sur, a través de la costa de Nayarit, Colima y Michoacán, llegando hasta Guerrero. Dentro de estos grupos, estaban los mexicas.[9] Por su parte, Karen Dakin, sostiene que:

«En el siglo XVI había hablantes de las variantes occidentales por lo menos hasta Pochutla, Oaxaca. Es probable que en el centro, posiblemente desde cerca del 400 d. C., hubieran llegado los primeros nahuas que eran hablantes de una variante “oriental”. Después se fueron dispersando a la Huasteca, la Sierra de Puebla, el Itsmo y hasta Guatemala. El Salvador, Honduras y Nicaragua, tal vez como participantes en los movimientos de población cuando perdió importancia Teotihuacan o, si no  […] después de la caída de Tula. En un momento posterior, probablemente en el Posclásico, otros grupos hablantes de una variedad occidental del náhuatl, que debe haber incluido a los mexicas, entraron al centro, donde todavía había una población hablante del náhuatl oriental».[10]

Regresando a lo descrito por Valiñas, él expone la cantidad de problemas para definir las familias lingüísticas así como su origen e historia, concluye que había una realidad plurilingüe en Mesoamérica durante la época prehispánica que era resultado de las relaciones de poder y producían situaciones lingüísticas en donde la lengua usada como lengua franca[11] lo era por ser el idioma de los grupos dominantes.[12]

El caso del náhuatl fue una de esas imposiciones, pues formó parte de la conquista militar de este pueblo sobre otros, de modo que, junto al maya, según el consenso de los especialistas, fue una de las lenguas francas más relevantes, mencionada como lengua común por los conquistadores europeos.[13] Incluso Brice Heath señala que: «los aztecas adiestraban a los miembros de sus propias tribus, preparándolos para que fueran escribanos o intérpretes del náhuatl en todo lo relacionado con los asuntos administrativos del sistema tributario […] El ser miembro de la cerrada y auténtica comunidad de idioma náhuatl proporcionaba a los dominados por los poderosos mexicas el derecho a la distinción política y a la dignidad social».[14]

En conclusión, lo anterior corrobora que el establecimiento de una lengua como lengua franca suele ser parte de una estrategia de dominación. El náhuatl se estableció como una lengua franca (aunque esto no significó que las demás lenguas dejaron de existir, sólo que el náhuatl fue una especie de denominador común) en la mayor parte de los territorios que los mexicas dominaron.


[1] A lo largo de este texto se utilizan los términos lenguaje, lengua o idioma y habla; cada uno tiene un significado particular, por lo que cabe hacer algunos señalamientos. En torno a las definiciones de cada término existen diversas teorías, cada una engrosa un arduo debate en el que no entraremos aquí, así que para fines prácticos acudiremos a las definiciones estructuralistas de Ferdinand de Saussure, que son punto de referencia básico. El lenguaje es considerado como una facultad biológica exclusiva del ser humano que le permite comunicarse con otros individuos, según Saussure, (personalmente dicha facultad se considera extensiva al reino animal). De esta facultad general que es el lenguaje, a lo largo de la historia humana se han construido distintos sistemas, que son codificaciones lingüísticas basadas en convenciones sociales, estos sistemas son las lenguas o idiomas, que tanto en Saussure como en este trabajo, son términos usados como sinónimos. Dentro de estas lenguas o idiomas existe el habla, que es la apropiación particular que cada individuo hace de su  lengua materna o de otra.

Bibliografía

[2] Valiñas, “Historia”, 2010,  p. 99.

[3] Ídem.

[4] Ibídem., p. 101.

[5] Ibídem., p. 105.

[6] Ibídem., p. 122.

[7] Ibídem., pp.116-117.

[8] Ibídem., p. 123.

[9] Ibídem., p. 124.

[10] Dakin, “Lenguas”, 2010, p. 168.

[11] “Una lengua franca se usa para comunicarse entre personas que no tienen una lengua nativa en común […] Además, la lengua franca puede ser también una variante de una lengua en los casos donde hay mucha variación dialectal en una sola lengua”. (Lastra, Sociolingüística, 1992, p. 34, p. 228. Visto en,  Dakin, “Lenguas”, 2010, p. 162.)

[12] Valiñas, “Historia”, 2010,  p. 149.

[13] Ídem.

[14] Heath, Política, 1972, pp. 18-20.

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