Rodrigo Ruíz Patterson (director) y Adrián Ross (protagonista). Cortesía Calouma Films

Platicamos con Rodrigo Ruiz Patterson, director de Blanco de verano (2020), largometraje protagonizado por Sophie Alexander-KatzFabián Corres y Adrián Ross y que trata sobre Rodrigo, un adolescente solitario, rey en la vida de su madre, que en el momento en que ella lleva a vivir a su nuevo novio a la pequeña casa donde viven, en las afueras de Ciudad de México, Rodrigo se debate entre aceptar a la nueva familia o recuperar su trono, aunque sea a costa de la felicidad de quien más quiere.

En otras entrevistas has mencionado que la idea de Blanco de verano comenzó con una historia autobiográfica, pero que sobre la marcha decidiste que no lo fuera, nos cuentas un poco sobre ello.

Rodrigo Ruiz Patterson: Pues sí, básicamente todo empezó al querer filmar mi primera película y la idea que tenía era que fuera algo personal que yo pudiera contar mejor que nadie, pero después de todo un proceso, logré reunir un guion y me di cuenta que no era tan interesante, y que a pesar de que era honesto y venía de un lugar sincero, no era tan interesante como para atrapar la atención de un espectador durante una hora y media. Realmente eso me ayudó a darme cuenta a un momento temprano, por lo que decidimos crear una película de ficción, que funcionara en términos dramáticos en la que hubiera unos personajes que tuvieran un arco dramático y que cambiaran a lo largo de la película, pues es una familia que se forma y después se destruye, entonces fue eso, darnos cuenta que simplemente, con las puras anécdotas de mi vida, iba a ser una película que no iba a funcionar.

Sí hay ciertas similitudes de mi vida con la película. Crecí con una madre soltera, estoy familiarizado con las dinámicas que implican que un hombre llegue a integrarse a ese dúo. Creo que al final los personajes están ahí, por ejemplo, el personaje del padrastro, es una conjunción de muchos personajes, no es que en realidad haya existido en mi vida, lo que se ve en pantalla no sucedió realmente.

Rodrigo Ruiz Patterson y Sophie Alexander-Katz. Cortesía Calouma Films

Como espectadores, pensamos que lo más probable es que se dé un problema con el hombre que corteja a la madre, donde este hombre trata mal a la madre o al chico, pero no, se trata solo del sentimiento de desplazamiento que siente el adolescente, ¿por qué eliges esa línea narrativa?

Rodrigo Ruiz: Creo que da para mucho conflicto, el cine que al menos a mí me interesa se nutre del conflicto, del drama, de cuando hay dos puntos de vista o dos motivaciones opuestas en escena, creo que eso es lo que vuelve a una película interesante y compleja en términos dramáticos, y aquí el conflicto es bastante clásico, nace de un triángulo amoroso medio sui generis, pues al final los dos hombres están enamorados de la misma mujer y eso queríamos tratarlo en complejidad, no queríamos tener un villano y un hombre que llega e inmediatamente es un villano y un chico que inmediatamente lo quiere correr de la casa.

Me interesaba más que fueran personajes que generaran conflicto, como el personaje de Fernando, que es el padrastro, si él llegara a ser un villano desde el primero momento, eso no sería nada complejo, la madre pronto se daría cuenta. Creo que es una mayor amenaza para el chico que sea un tipo que tiene buenas intenciones, eso lo vuelve una amenaza mucho más grande, a que fuera un cretino y alcohólico, un cliché que vemos en personajes más de telenovela. Aquí queríamos tratarlo diferente, pues tanto en el niño y la madre, todos quieren formar una familia, pero por la simple complejidad de las relaciones humanas no pueden, sus motivaciones chocan a pesar de que todos quieren lo mismo, tiene distintas formas de llegar a ello, y eso los hace chocar.

Sí, observamos cómo la película se centra en la lucha de poder que se da entre el hombre y el adolescente, más allá de roles o edades, la cual incluso desplaza a la figura femenina, que en realidad es complaciente con ambos. Ahora, por qué eliges, o eligen tú y Sebastián Quintanilla como co-guionistas, que los personajes se moverán en una aparente clase media, ¿es para resaltar la lucha de poder sin mayores distracciones? ¿O crees que ambientar esa historia en la clase alta o baja podría mantener los mismos componentes?

Rodrigo Ruiz: Pues mira, esa es una buena pregunta. Un poco aquí eso sí se retrata, más o menos se muestra la clase social en la que yo crecí y cómo llego a habitar a esa edad. Considero que es un conflicto que bien pudiera funcionar, con sus agravantes y atenuantes, en la clase baja o alta, es un conflicto tan universal, tan clásico, que bueno, obviamente tiene sus implicaciones. Creo que lo vuelve más dramático el hecho de que es una familia donde el hecho de que un tercero llegue y le represente cierta liberación económica, tal vez si esta historia estuviera enfocada en una clase alta, eso no sería un conflicto. Entonces sí, la clase social determina un poco a los personajes, pero creo que sí podría funcionar hacer un ejercicio de contar esta misma historia en una clase social distinta. Pero aquí la elección de hacer la película desde una clase media fue debido a que es la clase social en la que yo nací y crecí.

Hay tintes moralistas en la cinta sobre cómo ha de resolver el “conflicto” la madre, ¿o es solo una posible proyección entre tantas que puede hacer el espectador?

Rodrigo Ruiz: Pues la verdad al final no me interesa moralizar, me interesa más ponerme en los zapatos de los personajes, tratar de descubrir sus motivaciones sin juzgarlos. Si tú ves al personaje de Valeria en la película, sí toma decisiones cuestionables, pero desde su punto de vista ella cree que lo está haciendo lo mejor que puede. En este trío, ella representa la negación, es un personaje que está en una negación activa de aceptar que ahí hay un problema, ya que se centra en el objetivo de crear una familia, pues cree que se la debe a su hijo, que debe regalarle una figura paterna que merece. Pero a la hora que comienzan los problemas, ella niega todo, pues no sabe hacer otra cosa. No me importa tanto la moralidad de que si se está actuando bien o no, me interesa más que el espectador la vea y que entienda por qué lo hace. La idea es aproximarme a estos personajes sin ningún tipo de juicios, pues hay que entender que son personas imperfectas, que son torpes -yo mismo soy bastante torpe en las relaciones humanas-, entonces eso es lo que me parece que hace a los personajes más humanos, y al final, esa era la apuesta.

Making of de Blanco de verano. Cortesía Calouma Films.

La relación de la adolescencia con el fuego en correlación con el título de la película, ¿cómo la tejen cuando van creando el guion?

Rodrigo Ruiz: El fuego es un rasgo del protagonista, al final es un chico bastante común y corriente, pero al final queríamos darle un toque que lo volviera especial y distinto, como a cualquier otro personaje de esa edad, y el fuego funcionaba perfecto, pues es una especie de metáfora sonora y visual de su interior. Es un chico que reprime muchísimas emociones, pues es joven, torpe y nunca le había pasado el sentirlas y no sabe muy bien dónde acomodarlas, y cuando uno tiende a reprimir las emociones, terminan saliendo de alguna forma extraña, y para este chico, el fuego es su vía de escape.

Y en cuestión del título, probamos demasiados, nos costó mucho trabajo llegar al título final. Nos gustó celebrar la ironía de que la pintura, como dice un diálogo de la película, es un “blanco de verano”, un color que refleja mejor la luz, al estar pintando la casa queda toda colorida y queda como un kínder. Entonces hay algo en este color que se supone debería darle más luz, pues al contrario, para el chico termina significando la oscuridad, el sentirse relegado, y el que un extraño esté minimizando el mundo íntimo que tenía con su madre. Al final es la ironía de que el blanco de verano, justamente representa todo lo contrario para el personaje.

Blanco de verano se encuentra ahora en cartelera, así que puedes disfrutar de ella en la pantalla grande.

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