Toni Sala en FIL Guadalajara, edición 36. Foto: Lucía Ges

El escritor catalán, Toni Sala, presentó Los chicos –novela que pertenece a la editorial Trotalibros especializada en recuperar obras injustamente olvidadas– en la pasada edición 36 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Toni Sala (Sant Feliu de Guíxols, 1969) es escritor y profesor en la Universitat Pompeu Fabra. Nació en 1969 en Sant Feliu de Guíxols, Girona. Hijo de hosteleros, Toni optó por un camino inaudito en su familia: el de las letras. Y lo recorrió. Ganó el Premio Documenta con su libro de relatos Entomologia (1997). Su primera novela fue Pere Marín (1998) y con Cercanías (2004) ganó el Premi Sant Joan y el Nacional de Literatura. Ha abordado tanto el ensayo —Notes sobre literatura (2012) y El cas Pujol (2014)—, como la autobiografía —Crónica de un profesor en secundaria (2019), Quatre dies a l’Àfrica (2005) y Una família (2021)—. Con Los chicos dio un giro trascendental en su obra, giro que llevaría aún más lejos con Persecució, ganadora del Premi Creixells del Ateneu Barcelonès.

Resumen de Los chicos: El pueblo de Vidreres amanece conmocionado. Dos jóvenes hermanos han muerto en un accidente de coche en las afueras. En la onda sísmica de esta doble tragedia, un banquero vive atrapado en su rutina y un camionero adicto al sexo acaricia su escopeta con la esperanza de reventarlo todo algún día, mientras la novia desde el instituto de uno de los hermanos fallecidos, el que conducía, intenta encajar los fragmentos de su vida rota y un solitario artista regresa derrotado de la ciudad. Con la crisis económica como telón de fondo, Toni Sala se acerca en esta novela a las coordenadas de unos personajes perdidos que deambulan por los márgenes de una sociedad que los rechaza o, en el mejor de los casos, los ignora. La muerte, epicentro de la historia, es a la vez el amuleto que esconden todos ellos.

Los chicos es una obra que te atrapa en medio de la crisis total que representa, tanto de los personajes, el entorno y el propio contexto histórico. Con una prosa tan atrapante como poética, la trama está finamente trabajada para transmitir una profundidad reflexiva a partir de los pensado, dicho o hecho por unos personajes que terminan por resultarnos más cercanos existencialmente de lo que desearíamos como lectores(as).

Toni Sala en FIL edición 36. Foto: Lucía Ges

La entrevista

Durante su presentación en Mil jóvenes con…, Mircea Cărtărescu narró, a modo de tráiler, su obra El Ruletista, ¿cómo nos contaría Toni Sala el tráiler de Los chicos?

Toni Sala: Bueno, la novela parte de un accidente de coche y de cómo se expande ese accidente a todo un pueblo, a la familia. Digamos que el argumento no es nada especial, la parte interesante son las reflexiones que esta onda sísmica del accidente provoca en los personajes que básicamente son cuatro. Entonces, el libro son cuatro partes con cuatro personajes que filtran, que recomponen, que crean incluso este mismo accidente y la relación con la muerte.

Los chicos está fundada sobre crisis, los cuatro personajes que retrata: Ernest, Miquel, Iona, y Nil reflejan crisis de diversa índole y, además, están situados en la crisis económica e inmobiliaria del 2008, ¿por qué decides elegir ese contexto histórico para la historia?

Toni: Es muy simple, lo escribí durante esta época y pues apareció la crisis y simplemente me servía como decorado, igual que el pueblo, nada está muy premeditado aquí, lo que está premeditado es lo que yo sitúo encima de este contexto, la cuestión de la crisis, que coincido que en aquel momento había una crisis económica, pero curiosamente al cabo de un tiempo hubo una crisis política, y ahora hay otra crisis, o sea que la crisis ya es algo que es consustancial, incluso yo diría a la misma literatura, es aquel territorio donde las cosas no están definidas, están en crisis. Y aquí la muerte también es una crisis, no sabemos.

Hay dos partes en el relato que son una antítesis extraordinaria. Una cuando Miquel señala que él era de una generación generación bisagra entre los viejos que lo tenían todo y los jóvenes que no tenían nada, y comienza a despotricar contra los viejos. Y la otra es cuando el padre de Nil despotrica contra su hijo por no querer hacerse cargo de la tierra y contra todos los jóvenes. Nos podrías platicar cómo hilaste esos dos extremos?

Toni: Bueno eso lo has hilado tú porque a mí no se me había ocurrido, y tiene mucho sentido eh. Supongo que responde a la crisis que también existe siempre entre entre padres e hijos o entre generaciones o entre personas distintas que por supuesto no pueden ver la realidad de la misma forma, entonces, en los dos casos, en uno es el padre que ve que su hijo no va a continuar su obra, y por tanto, esto le le molesta. En el otro caso es más, digamos, a futuro porque esta es una novela escrita hace 8 o 10 años, pero que la reflexión que hace este joven creo que hoy incluso tiene más sentido, es decir, cómo la gente mayor ha ido apartando de los privilegios, digámoslo así, de los privilegios que ellos habían obtenido puramente por edad y que se los han ido quedando y han ido marginando cada vez más a los jóvenes.

No sé aquí en México cómo está la cuestión pero en España es bastante así, es muy visible y además es esta cuestión de ver que es un poco el mundo al revés, donde la gente mayor dispone de dinero, de vida dispone, de tiempo, dispone incluso de salud, porque el dinero comporta también poder acceder a mejores servicios y mejor alimentación, etcétera, y es como un poco un mundo casi como terminado, donde unos son mayores y van a morirse y los están también muy desorientados y muy desfavorecidos.

Y ahora vayamos al personaje femenino de Iona, a quien la muerte no sólo la encara por fuera, con esta muerte de su novio Jaume, sino a través de su propio cuerpo con este sangrado que se hace simbólico y también real. Es la única de los cuatro personajes que muestra dolor y desnudez indisociablemente, ¿por qué le toca o le es asignado esto al personaje femenino?

Toni: Esto no es la primera vez que me lo preguntan. Alguna vez mi traductora al alemán una vez me dijo: “me parece que en tus libros solo las mujeres puedan encarnar algo positivo”. Entonces yo respondí que quizás esto es una cosa que nos pasa a los hombres, primero porque somos hombres, así que la esperanza la pondrás en alguien que no es como tú. Es una esperanza en que haya algo mejor que la la masculinidad. Además, esta chica es veterinaria con la cual también tiene la proximidad con los animales, que para mí es otro gran punto de fuga, digamos de esperanza. Pero, vaya, puedo cambiar de opinión.

Está también la descripción del escenario, de este pueblo catalán de Vidreres, que acabas de decir que tampoco es que lo tuvieras tan planeado, pero entonces esa desolación que marca la novela tanto para viejos como para jóvenes, incluso para los extranjeros, ¿es algún tipo de diagnóstico literario o real?

Toni: En literatura es siempre literatura. Vidreres lo conozco muy poco, estuve allí unas cuantas veces antes de hacer el libro y luego me sirvió, pero no, no hay una voluntad de incidir en la realidad. Vidreres es un pueblo pequeño y entonces era muy pertinente situar allí la acción porque puedes ver como diversas capas, cómo van afectando el accidente en gente que está muy relacionada, unos que son ya directamente propietarios de la tierra, luego los vecinos de Vidreres, incluso está el camionero que es de un pueblo vecino, y así otros personajes; entonces es como un círculo que tiene como epicentro la muerte y cómo esta afecta de forma distinta en relación a la proximidad de los fallecidos.

Los chicos – Trotalibros Editorial

El año pasado, aquí en la FIL, la escritora vasca, Uxue Alberdi, hablaba de su relación ambivalente con el castellano, que como todo idioma le parece fascinante pero con el que históricamente el país vasco y el euskera tenían un conflicto añejo, en tu caso, siendo catalán, ¿cómo es tu relación con el castellano?

Toni: Por mi acento es notorio que el castellano no es mi lengua, pero políticamente pues se ha ido imponiendo a mi a mi tierra, ¿y cuál es mi relación con el castellano exactamente? La misma que tendría con cualquier idioma que no sea el propio, con un agravante que es que realmente la situación del catalán está cada vez peor y pues se está sustituyendo por el castellano y, por tanto, es imposible para mí no verlo como una amenaza, así que hay una relación un poco intensa.

Los chicos también es sumamente visual, ¿has tenido propuestas para llevarlo al cine, por ejemplo?

Toni: No, no me consta que haya habido un intento así, pero sí se llegó a traducir digámoslo así para hacerlo en teatro, porque es verdad que es muy visual, pero también es muy lingüística y utiliza mucho cómo hablan los personajes incluso aunque no hablan directamente porque la narración es en tercera persona, pero casi como si ellos estuvieran expresándose, casi como si se dirigieran al lector directamente y esto lo hacía muy muy adecuado para el teatro, así que es algo que podría llegar a pasar.

¿Y hay algún vaso comunicante entre esta obra y tus otras obras?

Toni: Sí, por supuesto, como pasa cuando las escribe el mismo autor, o sea, todos en general siempre acaban hablando de unos mismos temas y este también es mi caso, pero a veces se da el caso de que, digamos, aprenden un poco o llegan a encontrar una manera mejor de tratar estos temas, y mi impresión, aunque yo no soy nadie tampoco para hablar mucho de mí, pero en el sentido como lector –porque estoy muy pervertido por la escritura– sí que diría que este libro marca un punto de escribir un poco más ambiciosa o libre o creativa, y en este sentido sí que creo que este libro y la siguiente novela que publiqué y que va a salir en castellano dentro de unos meses, que se titula Persecución, la considero casi como una segunda parte de Los chicos y estoy escribiendo como una tercera parte que será la última, es decir, que sí que es un libro que que marca un cambio y, digamos, un inicio de una trilogía.

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