Anastasia Kolchina

La interpretación de la película Joker (de Todd Phillips, 2019)  –que hacemos en un artículo anterior, Joker: Alguien dice la verdad, que suponemos completamente incomprendida porque deja en mal lugar a la sociedad en la que vivimos y a los defensores del estado actual de las cosas, que ha generado un sistema por el que la gente logra alcanzar una estabilidad económica, primero, y social, después, y que defiende, sin comprender, las injusticias que se generan porque nada les importa el dolor ajeno mientras ajeno signifique que le sufre otro–, podríamos aplicarla, sin grandes cambios, a la obra de teatro Corazón de chocolate de Rodrigo Aro Silva.

Mikhail Nilov

De la obra, que no hemos podido ver, pues se representaba en Chile, únicamente tenemos conocimiento por el artículo, de Camilo Cáceres Infante, Corazón de chocolate, amargos tiempos modernos [2], que es suficiente para entender que, en ella, se hace una interpretación de las relaciones sociales muy similar a la que se plantea en la película Joker. Se trata de un musical del que el autor del artículo nos dice: es a través de la risa que se busca la reflexión sobre el trato humano en el trabajo, sobre el buen trato entre personas [2], y, como a la gente le afectan más los problemas laborales concretos que sufren o podrían sufrir que las cuestiones abstractas que afectan a desconocidos, la obra puede ser mejor comprendida, sin necesidad de grandes explicaciones, que la del Joker, aunque digan, más o menos, lo mismo.

Fauxels

La cuestión, como habíamos defendido en nuestro texto anterior [1], es que el punto de vista de quien tiene poder acaba por convertirse en principio de actuación. El poderoso justifica sus decisiones en la fuerza y, el astuto, en su astucia. La sociedad acepta la crítica social de la obra de teatro pero no la que expone la película. En la primera, el trabajador sufre injusticia, en la segunda, la gente produce la injusticia. La sociedad es poderosa y adapta la ética a sus intereses, pues el poderoso no es exclusivamente el presidente del gobierno o el dictador golpista sino cualquier hijo de vecino que utilice deshonestamente una ventaja que posea frente a un tercero.

Mart Production

2

La risa es una forma de quitar importancia a un hecho grave, por lo que podemos deducir que hay un hecho grave. El musical critica a las empresas y su crítica es bien recibida, se cuestiona al otro; en la cinta, se critica a la sociedad, y es despreciada, se cuestiona al espectador.

Ron Lach

En la fábrica no hay obligación de reír como en Gotham, aquí, hay que bailar, que es otra forma de aparentar satisfacción. Ha habido un muerto, pero le hacemos un homenaje y olvidamos que la causa de su muerte ha sido la propia fábrica.

En la sociedad hay que reír para aparentar que las cosas funcionan bien. Si alguien se queja, le damos una pastilla o le encerramos. Si escondemos el problema, el problema desaparece. Lo que importa son las apariencias, no la realidad. Tenemos que seguir con nuestras vidas, pase lo que les pase a los demás, hasta que nos pase a nosotros.

Daria Sannikova

El musical coincide con la cinta, además de por el uso de la risa para tratar de temas serios, en referir cómo la muerte de un trabajador haitiano, de otro mundo, no tiene la misma trascendencia que la muerte del marido de Ingrid, la protagonista; cómo los trabajadores no saben el nombre de una nueva empleada, pues no la han integrado en su grupo; cómo la comunidad anula la individualidad, poniéndolos uniformes; cómo la nueva trabajadora, ante las injusticias que sufre, Quiere abandonar como ha hecho toda su vida, quedarse a hacer frente algo que no va a cambiar sola es muy duro [2]. Como el Joker, ve la injusticia y piensa que debe corregirse. Y, de una forma paralela al Joker, que dice: ¡Pero existo!, la empleada dice: ¡Soy un ser humano!

Trinity-Kubassek

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En ambos casos, se trata de personas que tienen consciencia de sus derechos pero que les son negados por la comunidad. La denuncia que se hace es la de la existencia de dos mundos en la sociedad, el mundo oficial, donde los poderosos dictan unas normas y benefician a quienes las cumplen, porque cumplirlas significa aceptar su autoridad,  y el mundo de los marginados o de los parias, que resultan perjudicados por un sistema que no puede beneficiar a todos, y quieren cambiarle. Pero el resto de la gente vive a gusto y no les importa soportar las pequeñas injusticias que sufren por parte del poder, a cambio de las ventajas que reciben, y menos les preocupa que los marginados soporten los mayores perjuicios.

Pia Kafanke

La obra está inspirada en el suicidio de un trabajadorpor acoso laboral. Ese trabajador era parte del sistema, y hasta sabemos su nombre (aunque preferimos omitirlo por respeto), no tendría por qué sufrir las grandes injusticias. Arthur Fleck (el Joker) no forma parte del sistema, su lugar es Arkham, una institución mental en la que debe quedar recluido y drogado. Pero, entonces, ¿Dónde queda la justicia?

Notas:

1ª.- Joker, alguien dice la verdad…

2ª.- Artículo de Camilo Cáceres Infante, en Arte al Límite, Corazón de chocolate, amargos tiempos modernos.

 

Imagen de portada: Anastasia Kolchina.

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