Palacio del Gobierno de Jalisco. Foto: Silvia ibarra Ramos.

Toda ciudad va tejiendo su historia a través de sus edificios, de las grandes o pequeñas construcciones, ya sea de aquellas que son emblemáticas, fundacionales; como de las que son creadas por sus habitantes para vivir en ellas. Guadalajara tiene las propias, y en este 14 de febrero, día en que se conmemora su fundación, he realizado una breve comparación entre el antes y ahora de algunos edificios que son un icono de nuestra ciudad.

El paso del tiempo se ve reflejado en cantidad de imágenes que circulan en redes sobre cómo se veía cierta parte de la ciudad y cómo se ve ahora. Observar esas imágenes provenientes de los archivos históricos y luego visitar los espacios que allí aparecen, nos hace ser conscientes de las huellas que sobre cualquier espacio urbano deja el tiempo. En ciertos casos, vemos un trajinar de gente que es similar pese a las décadas transcurridas, aunque con distintos atuendos propios de las modas de cada época. En otras, apreciamos los retoques que los edificios han experimentado o incluso la desaparición de algunos que por distintas razones fueron demolidos.

Así, como en todo espacio urbano, la arquitectura nos recuerda la importancia de contar nuestra historia mediante el tiempo. Ser de Guadalajara implica ver en esas edificaciones la historia sobre nuestro origen, el mestizaje del que somos parte. Bien dicen que mezclar es bueno, y lo aplicamos en la comida, en las tradiciones, en nuestro estilo de vida, nuestro ADN, en las casas que habitamos, en nuestros centros históricos. Ser mestizos nos hace pertenecer a algo nuevo, con sus propias esencias, creencias, cultura y tradición, esto lo sabemos, y las fotografías históricas no hacen más que ponerlo en perspectiva cuando las comparamos con las actuales.

Este pequeño reportaje recuperó algunas imágenes de archivo que existen en la red y trató de recrearlas con una fotografía que replicara su encuadre original. He aquí los resultados.

Empecemos por la Catedral, también llamada Basílica de la Asunción de María Santísima, parroquia sede de la arquidiócesis de Guadalajara y uno de los edificios más representativos de la ciudad, por sus torres con agujas neogóticas.

El Teatro Degollado. El 5 de marzo de 1855, bajo el gobierno de José Santos Degollado, se colocó la primera piedra de lo que sería el teatro más tradicional de la ciudad. La construcción y el diseño del inmueble fue encomendado al arquitecto tapatío Jacobo Gálvez, y tras once años de obras el edificio abrió sus puertas con el nombre de Teatro Alarcón, en honor al dramaturgo mexicano Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.

El Palacio de Gobierno es la sede del gobierno estatal de Jalisco. Durante el siglo XIX albergó al parlamento mexicano. Su construcción comenzó en 1774.

El Hospicio Cabañas es un edificio de estilo neoclásico. Sirvió como hogar de huérfanos de 1810 a 1980. En su interior se conservan algunos de los más importantes murales de José Clemente Orozco. Fue declarado en 1997 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

En Guadalajara, el río San Juan de Dios yace oculto bajo la Calzada Independencia, pues no logró sobrevivir al aire libre como lo hicieron los de otras famosas ciudades alrededor del mundo.

Tenemos aquí la avenida Alcalde-16 de septiembre, que ha sobrellevado varias transformaciones urbanas que han impactado la vida cotidiana de los tapatíos.

Fotografías actuales: Silvia Ibarra Ramos.

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