Cocina alpina, 1918, Ernst Ludwig Kirchner (Madrid, Museo Thyssen)

Tetsuya Naito

El año en que me decidí a ser un escritor de veras

leí todos mis poemas viejos hice cara

de arrepentimiento me arropé

con la frisa de mi bebé del ombligo

hasta la rodilla

hice menos dinero que el año anterior

cuando tenía más trabajo

y menos bebé intenté escribir en mi hora de almuerzo

cuando eso no funcionó a la hora de su siesta

cuando eso no funcionó tuve mucha hambre

y no pude concentrarme en otra cosa

que no fuera mi bebé que me llega

del ombligo hasta la espinilla

y que es mejor que el mejor poema

que su papá jamás pudiera escribir

puse cara de avasallamiento y me arrastré

a dormir al desesperar junté las palabras

más brillantes que se me ocurrieron

cuando eso no funcionó junté las más terribles

cuando eso no funcionó me puse el pantalón la camisa

salí a la confluencia en busca de mi primer poema verdadero

en total ese año junté muchas más palabras

con muchos más sentimientos

que todos los años antes puse cara

de no me importa pero no era cierto

a decir verdad mi rutina para escribir

siempre ha sido la misma cae la noche

y me arrastro amanece y desespero

mi meta es hacer brillar el entremedio.

A mis antiguos desastres le tomo el pelo

Desde Roque Dalton

Cubro los espejos con calcomanías

de cuidado bebé a bordo para darle

un sentido de dirección a mi encierro.

Para animarme a asomar la cabeza afuera

primer imagino la casa rodeada por

las autoridades abriendo fuego.

Mi vida sería total ganancia

si al final me la pasé distraído

más que destruido en promedio.

Poema de los nombres

Durante toda su vida Frank O’ Hara creyó haber nacido, como tú,

un 27 de junio, cáncer. A mí, Guillermo Francisco, me hubiera encantado

pasarme la vida creyendo que mi segundo nombre se lo debo a él.

Tú te llamas Lucas Imar por la luz y por el mar. En verdad

nació en marzo y murió a mi edad hoy día.

Queríamos que tu nombre fuera tuyo solamente.

Desde que descubrí su poesía escribo su apellido como un ojalá.

Desde que nos conocemos tú y yo mi favorito es Parra,

que murió a los ciento tres.

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