Diana María Perea Romo es doctora en historia por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y profesora de la Facultad de Historia en la Universidad Autónoma de Sinaloa. El trabajo de Diana Perea aborda la cuestión histórica visual en un contexto determinado: La Revolución mexicana en Sinaloa y sus modos de representación visual de 1911 a 1914.

Portada del libro

Su investigación es planteada desde los estudios culturales. La autora presenta un recorrido exhaustivo en el que va rastreando modos de significación, desde esa apuesta por los estudios de la Revolución mexicana desde el campo de la cultura visual. Su corpus de estudio es una serie de fotografías, provenientes de archivos y colecciones distintas, a más de cien años de su creación, dicho material se ha vuelto una especie de radiografía del conflicto armado en Sinaloa, pues son evidencia de una realidad social concreta, y ahí está la principal riqueza en la investigación y el diálogo que realiza Perea en este trabajo.

El libro se centra en puntos importantes dentro del estudio de la cultura visual, del archivo fotográfico y el mismo patrimonio histórico que resguarda parte de la memoria y la identidad de un país que construyó un imaginario a partir de esas primeras experiencias con el aparato fotográfico.

Imagen 44, Yañez. Culiacán (Fototeca INAH)

Diana emprende un recorrido puntual que comienza desde los inicios de la fotografía y su razón de ser técnica, mediante el mimetismo que la caracterizó en aquellos años en que la fotografía hacía sus primeros pininos, como nuevo invento tecnológico que batalló para ser aceptado y visto como medio independiente, ya que no encontró rápidamente su lugar ni la distancia necesaria respecto a la pintura y a las concepciones propias del medio artístico de finales del siglo XIX.

En esta investigación, encontramos una mirada panorámica que narra cómo la fotografía y sus principales precursores fueron trazando un camino hasta aterrizar en un contexto determinado que, en este caso, remite a los inicios de la fotografía en Sinaloa. Nos cuenta sobre los primeros fotógrafos como fueron Alberto W. Lohn y el incio en el comercio de Tarjetas Postales en Culiacán. Así como fotógrafos que se volvieron los referentes de la ciudad: Mauricio Yañez y Alejandro Zazueta.

Imagen 8, El Sr. General Cañedo saliendo del lunch ofrecido por la Cervecería Cuauhtémoc el 27 de septiembre. Ca. 1908. Yáñez y Zazueta. Culiacán, México. (Colección Luis. F. Molina. Archivo Municipal de Culiacán).

“Lohn dirigió su mirada a temas muy variados como las vistas de la ciudad y sus alrededores, de las calles con sus cantinas, tiendas, el hotel y en ella los niños, mujeres y hombres que hacían una pausa en su camino para atender a la cámara del fotógrafo; escenas de la cotidianidad, el mercado, así como tomas costumbristas donde aparecían los aguadores o un grupo de mujeres lavando en los márgenes de un río”.

Con el inicio de la Revolución mexicana, Diana nos cuenta que las tarjetas postales se volvieron los principales objetos culturales, ya que muchos eran los que estaban deseosos de ver cómo estaba sucediendo la guerra. Esto me hace pensar en el poder de la fotografía, un poder que se fue ensanchando con el paso de las décadas, pues despertó el interés que cruza una línea muy delgada entre la búsqueda de la información y el morbo que generan las imágenes sobre sucesos determinados. Y lo puntualizo porque las tarjetas postales tomaron dicha relevancia, mucho antes de que el fotoperiodismo se cimentara como una fuerte práctica fotográfica, fueron una especie de testigos visuales que alimentaron las ganas de observar y de entender otros contextos y, a partir de ahí, se generaron las múltiples interpretaciones sobre los acontecimientos mundiales que detona la imagen fotográfica. Las tarjetas postales, como lo menciona la autora, reforzaron también una serie de estereotipos sobre el mexicano, así como el énfasis en la violencia gráfica de la guerra vertida en imágenes.

Imagen 2. Rafaela S. de Amador y F. Amador, diciembre de 1879. Guillermo L. Zuber, padre. (Colección Miguel Tamayo).

Así es como Diana traza un recorrido en su investigación para ahondar en los modos de representación, la construcción de imaginarios y escenificaciones de la guerra a partir del retrato revolucionario, así como de una sociedad sinaloense que vivió y determinó formas específicas de comprender su realidad frente a los sucesos que conformaron la revolución mexicana.

Y como la misma autora señala: «Uno de los aspectos más interesantes que se desprenden de este trabajo, consiste en clarificar cómo se construye la realidad a través de la imagen. Al revalorar la idea de que los consumidores de las imágenes a principios de siglo y durante los años revolucionarios, creían con fe ciega que una imagen era el reflejo real y exacto de la realidad, sin dar cuenta de los artilugios de la misma», y menciona también lo que ella define como: «los mecanismos de representación», que tienen que ver directamente con: «la fabricación de los personajes mediante el retrato, la escenificación de la realidad en una imagen documental o la ficción como un referente real».

Imagen 25. Imagen 318. (Fototeca Romualdo García. Museo Regional de Guanajuato, Alhóndiga de Granaditas).
Imagen 17. «Japs sink a Chinese pickle jar-build a fire around it», Guerra Ruso-Japonesa, 1904-1905. (James H. Hare Prints, Harry Ransom Center).

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